De una furgoneta salen cajas, del plástico brota un susurro al desplegarse, y las patas de las mesas golpean rítmicas como un pequeño tambor. Las manos ordenan tomates brillantes, acomodan quesos, colocan paños a rayas, y un cuchillo prueba la primera manzana, crujiente, bendecida por el primer comprador curioso.
Entre ramilletes de tomillo y laurel, un joven tararea una jota aprendida de su abuela, y el aire se llena de pan recién horneado y café que despierta sonrisas. Los pájaros escoltan las ofertas cantadas, mientras una dulzaina distante dibuja promesas de fiesta próxima.
Rebuzna un burro paciente, suenan cencerros atados con esparto, y las pezuñas dibujan ritmos antiguos sobre el adoquín. Los niños siguen huellas de harina, un perro olisquea discretamente, y el eco de una carcajada cruza la fuente como un pez rápido y luminoso.